Premio Internacional FCG de Letras 2004:

FRANCISCO AYALA

 

 

 

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“Por la creatividad de su obra literaria, la lucidez de sus ensayos y el carácter innovador de sus trabajos sociológicos, así como por la coherencia de una larga y ejemplar vida ciudadana, según el jurado reunido en Valladolid el 8 de julio de 2004, presidido por; Dr. César Hernández Alonso, catedrático de Lengua Española de la Universidad de Valladolid; e integrado por Dña. Rosa Pereda de Castro, escritora y periodista; Dña. Paz Ramos Pérez, directora del programa “El Ojo Crítico” de RTVE; D. César Alonso de los Ríos, periodista, escritor y colaborador del diario ABC; D. Ángel Sánchez – Harguindey, adjunto a la dirección de “El País”.

 

 

Biografía, FRANCISCO AYALA

 

 

A Francisco Ayala (Granada, España, 1906) le tocó nacer y pasar su vida durante un período crítico de la historia universal con particular incidencia en la de su patria. Como todo gran creador moderno, partió de la emulación de los clásicos para llegar a integrarse con ellos ofreciendo, en la más alta tradición humanística, una visión propia de las nuevas realidades que en su tiempo se abren hacia el futuro.

 

Rara vez puede encontrarse en la literatura contemporánea una tensión tan equilibrada entre la búsqueda de aquello que es permanente y la fidelidad al momento histórico concreto desde el que tal indagación se efectúa. Dichos rasgos se advierten ya en sus dos primeras novelas, Tragicomedia de un hombre sin espíritu (1925) e Historia de un amanecer (1926). Tras ellas, su voz literaria brota con un vigor y una originalidad excepcionales en los deslumbrantes relatos poéticos de sus libros El boxeador y un ángel (1929) y Cazador en el alba (1930), escritos en la hora de la experiencia de la modernidad protagonizada por las vanguardias históricas. Esos textos suyos suponen una notable aportación estética a la literatura europea: bajo la apariencia ligera de la alegría juvenil y en un tono lúdico la sensibilidad de nuestro autor trasluce, proféticamente, una dimensión trágica de la existencia humana que pronto se vería confirmada por la serie de acontecimientos que condujeron a la Guerra Civil Española y a la catástrofe universal de la Segunda Guerra Mundial.

 

Francisco Ayala, tras haber desempeñado en apoyo a la Segunda República Española importantes misiones diplomáticas y políticas tendientes hacia una paz justa que por desgracia no pudo lograrse, desarrollaría en seguida, en el exilio americano, su pensamiento social mediante importantes libros de ensayos, al mismo tiempo que desplegaba una nueva fase de su originalidad creadora en escritos de ficción, entre ellos "El Hechizado", calificado por Jorge Luis Borges como "uno de los cuentos más memorables de las literaturas hispánicas". En Los usurpadores (1949), conjunto de narraciones de las que este texto forma parte, la idea de que "el poder ejercido por un hombre sobre su prójimo es siempre una usurpación" toma cuerpo en diferentes ilustraciones de inspiración histórica ahora ficcionalizadas, y que así adquieren una dimensión ética universal, más allá de su origen fáctico. Los relatos de Ayala tienen la virtud de aproximarnos a situaciones reales cuya dimensión imaginaria apunta en este caso a la realidad humana más profunda. Así ocurrirá también en las cinco novelas ejemplares que componen La cabeza del cordero (1949), cuyo referente se encuentra en la Guerra Civil Española pero que remiten a la situación del individuo degradado por causa de las confrontaciones intransigentes. Por esta razón su lectura se enriquece aún más cuando se hace paralelamente a la de Los usurpadores. En estas obras, así como en otros muchos escritos suyos, Ayala aboga por una reflexión crítica sobre las circunstancias que conducen al ejercicio de la violencia y de la dominación tiránica, propugnando siempre una sociedad en la que el consenso entre seres humanos libres sea la pauta del comportamiento social.

 

Los tres lustros que van desde 1950 a 1966, años de dedicación docente para Ayala en distintas universidades norteamericanas, le permitieron ampliar la construcción de su universo ficcional, cada vez más trabado, complejo y completo. A este período pertenecen la colección de relatos breves, de ambiente africano o sudamericano, Historia de macacos (1955), en donde la ironía está al servicio de una lúcida captación de la realidad, así como Muertes de perro (1958) y El fondo del vaso (1962), la muy conocida pareja de novelas complementarias, consideradas ambas como clásicos del siglo XX, cuya acción transcurre en un imaginario país centroamericano, y que muestran las luces y sombras que presentan en semejante ambiente las instituciones políticas, tanto dictatoriales como democráticas. También pertenecen a esta época las recopilaciones El as de bastos (1963) y De raptos, violaciones y otras inconveniencias (1966), cuyo tono nos lleva de la ironía al sarcasmo, claro reflejo de la visión desilusionada del mundo que afligía a su autor en aquellos momentos.

 

Para general sorpresa, Ayala obsequiará a su público lector, casi medio siglo después de aquellas aportaciones juveniles a la vanguardia histórica, innovaciones de otra clase que le sitúan una vez más a la cabeza de la invención narrativa del siglo XX: se trata ahora, en El jardín de las delicias (1971, 1978, 1990, 1999), de un nuevo modo de relacionar lo fragmentario con la totalidad. En esta obra de vivacidad inusitada se desvanecen casi -o aún desaparecen por completo- las fronteras entre la realidad concreta y lo imaginario, con una fabulación narrativa penetrada de inspiración poética, donde pierden sentido a favor de un nuevo modo de escritura las delimitaciones genéricas tradicionales, mezclándose así el empaque del ensayo, la secuencia argumental, materiales autobiográficos, la ilustración gráfica y la libre y espontánea digresión intelectual, para implicar de esta manera activamente al lector con el autor, convertido éste en verdadero protagonista de su construcción total.

 

Al mismo tiempo que se producía este desbordamiento de creación imaginaria, se repliega Ayala desde otro ángulo sobre la realidad objetiva aplicándose al tradicional género de las memorias, al que otorga una luminosidad que convierte en única su palabra, como es única también la visión que proyecta sobre el mundo en torno suyo. Recuerdos y olvidos (1982, 1983, 1988) se ha considerado desde el comienzo un insuperable testimonio de su época, infundiendo dentro de la más rigurosa objetividad la vibración de la voz de quien subjetivamente la ha vivido. Con un lenguaje del más alto y depurado valor literario se trasciende la anécdota para dar entrada a reflexiones fulgurantes sobre algunos de los acontecimientos y de las personalidades culturales o artísticos fundamentales del siglo XX. En esta obra, así como en la recopilación sui generis titulada De mis pasos en la tierra (1998) y en sus numerosas contribuciones a los medios de comunicación pública, no se limita Ayala a ser un testigo lúcido, crítico y a la vez esperanzado de la dura realidad histórica, sino que se compromete también a hacer una valoración implacable del mundo actual.

 

A lo largo de un siglo casi completo a que se extiende su existencia Don Francisco Ayala ha sabido transitar con aplomada serenidad por territorios gozosos y por territorios siniestros. Desde los años infantiles en su Granada natal; desde el Berlín en ebullición de los incipientes años treinta; desde el Madrid republicano; desde Argentina, Brasil, Puerto Rico o los Estados Unidos del exilio; y en seguida desde una España muy problemática a partir de los años sesenta, ha sabido percibir impasiblemente tanto lo luminoso como lo sombrío.

 

Es esa la dialéctica de El jardín de las delicias, obra en la que el "Diablo mundo" aparece opuesto al de los "Días felices". Escritor en su siglo (título, por cierto, de uno de sus libros), Ayala ha sabido reflejar estética e ideológicamente la condición y destino de los seres humanos con el rigor de los mejores intelectuales y la sensibilidad de los mejores creadores artísticos. Ni necesitó en sus días más difíciles de elogiosos estímulos que hicieran justicia a sus méritos, ni la rectitud implacable de su curso se ha alterado por los reconocimientos que tan profusa y justicieramente le han llegado. Entre ellos, su elección como miembro de la Real Academia Española (1983); el Premio Nacional de Literatura (1983); el Premio Nacional de las Letras Españolas (1988); el Premio de las Letras Andaluzas (1989); los doctorados honoris causa por la Northwestern University (1977), la Universidad Complutense de Madrid (1988), las Universidades de Sevilla y de Granada (1994), la Universidad de Toulouse-Le Mirail (1995), la Universidad Nacional de Educación a la Distancia (1996) y la Universidad Carlos III (2001); las Medallas de Oro de su ciudad de Granada (1987), el Círculo de Bellas Artes de Madrid (1991), la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo (2001) y la Real Academia de Bellas Artes de Granada (2002); su nombramiento como Socio Honorífico de la Asociación de la Prensa de Madrid (2002); de la de Granada (2003); y, recientemente, su nombramiento como Socio de Honor de Círculo de Lectores (2004).

 

Como culminación de todo ello hay que mencionar el Premio Cervantes de Literatura, en 1991, que destaca en su obra creativa a un autor de estirpe cervantina, quien, como el propio autor del Quijote, tiene reconocida estatura universal. Las numerosas traducciones de su obra a los principales idiomas así lo acreditan. En 1998 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y en el año 2002 le ha sido entregado el prestigioso Premio Fernando Abril Martorell por su aportación a la libertad, la democracia y la convivencia entre los españoles. Recientemente el Gobierno de España le ha concedido la Medalla al Mérito en el Trabajo por la alta ejemplaridad de su labor a lo largo de toda una vida.

 

Siendo Francisco Ayala uno de los mayores teóricos y críticos literarios contemporáneos, es también un estudioso del arte y de la técnica de la traducción, y distinguido traductor al español del alemán, del francés, del inglés, del italiano y del portugués. Ensayista de espléndida formación sociológica, de la que dan testimonio tanto su imprescindible Tratado de sociología (1947) como su Introducción a las ciencias sociales (1952), ha mostrado un permanente interés por las innovaciones tecnológicas de nuestro tiempo, desde el nacimiento del llamado Séptimo Arte (su Indagación del cinema, 1929, fue el primer libro de crítica cinematográfica publicado en España) hasta las más recientes aportaciones de la tecnología actual. Así lo atestiguan los títulos de algunas de sus más difundidas obras de pensamiento: Razón del mundo (1944, 1962); El escritor en la sociedad de masas (1956); Tecnología y libertad (1959); Contra el poder y otros ensayos (1992); El escritor en su siglo (1990); El tiempo y yo o El mundo a la espalda (1992); En qué mundo vivimos (1996); etc. En estos y otros escritos suyos la transparencia y calidad de su palabra es el vehículo que da expresión a una visión analítica de la crisis de la modernidad, ofreciendo claves para la construcción de un futuro cimentado en la libertad.

 

Por la trayectoria literaria, intelectual y vital de un hombre cuya actividad cubre casi completo un siglo-en estos momentos se prepara a nivel nacional en España la celebración del centenario de este escritor lúcido y comprometido-, y cuya vida y obra constituyen un espejo de su tiempo, se reitera aquí una vez más para Francisco Ayala la petición, que con tan numerosos y calificados apoyos se ha formulado en años pasados.

 

 

Para más información: www.ayala.es.vg

 

 

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